Claudio entra a la gran sala. Cientos de aplausos se escuchan en el gran recinto. Un domo gigante, techo dorado, columnas que casi se pierden a la vista y luces amarillas. Los rostros de hombres, mujeres y niños se dirigen a el de formas amables y de admiración. Algunas personas visiblemente nerviosas, pero valientes, se acercan con lágrimas en sus ojos. Estos brillan como el agua reflejando al sol.- !Es un honor, un gusto! como lo que siempre imaginé - decía una mujer mientras por un momento sujeta su mano, - !Dales duro! que campeón eres - Gritaba otro personaje entre la multitud.
En las escaleras del recinto empezaba a divisar caras mas conocidas. Allí estaba Samir el valiente, Bruno el seductor, Allena la virtuosa y Constanzo el breve. Claudio sigue marchando hacia la tarima ubicada en medio de la multitud, donde un comité de amigos lo esperaba. Se saluda con ellos, sonríe como nunca lo había hecho y se acerca al estrado. Alza una mano saludando al público y los aplausos ensordecedores llenan la sala. Por un instante cierra los ojos y la sensación aumenta, mientras lentamente el júbilo mengua. Ahora hay silencio. Percibe como las luces fueron apagadas. Abre los ojos y ve a lo lejos.
La sonrisa de su rostro ha desaparecido y pasa la mano por su rostro barbado. Mira a su derecha y ve una copa de vino. Enfrente un mueble viejo con mucha ropa. Se acerca a una mesa, hay un libro con su nombre escrito en la portada. Siente una urgente necesidad de salir.
El apartamento calla ahora tras escucharse el cerrar de la puerta. Claudio ha salido para tratar de encontrarse con mas potenciales amigos, gente que como en algunas noches solitarias se reuna para brindarle alguna clase de homenaje.
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