Cae la noche. Pablo no salió en todo el día de su apartamento, y por mas que lo intentó, no tuvo mayor éxito en su búsqueda espiritual. Las cortinas se habían impregnado de Jazmín, y al acercarse para ver por la ventana, percibe el suave aroma que estas desprenden y siente como nuevamente la tranquilidad se apodera de su ser. Son hasta ahora las 10, pero ya tiene sueño y decide dejar sus actividades, ver algo de televisión e irse a dormir. Entra a su habitación y cierra la puerta. En ella, discos tirados en el piso, papeles, más libros, cuadernos y ropa adornan el espacio. Prende la televisión, uno de los pocos objetos que alcanzó a comprar con sus dos pagas antes de que fuera despedido y que por fortuna no compró a crédito, tanto porque tenía el dinero completo como por el simple hecho de no contar con una tarjeta. En la pantalla aparecen dos personas charlando. El calor de las cobijas hace que Pablo se sienta adormecido poco a poco y finalmente es vencido por el sueño. La televisión aún está prendida.
Un par de horas mas tarde despierta. Aún tiene sueño, pero el brillo y el ruido de la tele no le dejan seguir con su descanso. Busca el control y no lo encuentra a mano. Se levanta entonces y apaga el aparato tocando un botón en la parte inferior. Ya de pie, decide salir y tomar un poco de agua. Con paso lento llega a la cocina y mientras se sirve ve una silueta justo en frente de la ventana de la sala. El frío recorre su cuerpo y sus sentidos se agudizan. - ¡Estoy dormido, estoy dormido...!. Se pasa las manos por su cara y toma luego un poco mas de agua. La silueta sigue ahí y el frío se intensifica, siente como de repente lo abandonan las fuerzas y cae al piso.
- ¡Pablo.... Pablo! Despierte amigo. Soy yo. Siento haberme metido así a su casa hermano. ¡Despierte!
Tras unas cuantas palmadas, el extraño logra despertar a Pablo, solo para ver como este le mira por un momento y se desmaya nuevamente. Intenta despertarlo de nuevo, sirve algo mas de agua y la riega sobre el rostro de Pablo hasta finalmente despertarlo.
- ¡No se vaya a desmayar amigo!¡No se desmaye! No le voy a hacer nada
Le sostiene la cabeza temblorosa con las dos manos. Pablo tiene abiertos los ojos totalmente, su boca entreabierta y pareciera que fuese a llorar en cualquier momento.
- ¡Pero quien carajos eres tu! ¡el último amigo que se metió de esa forma a mi casa se llevó mi computador, mi celular y todas mis monedas! ¡casi me da un infarto!....¡Policia!¡Vecinos!¡CIA!¡Superam....!
El extraño tapa la boca de Pablo y este empieza a moverse con mayor brusquedad. De repente el impacto de un puño seco termina la discusión. Es de madrugada ya y el silencio se impone. Dos sombras permanecen en el suelo del apartamento 302. El extraño se sienta al lado de Pablo. Descansa y dirige su mirada a la montaña de libros que se encuentra en la sala.
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