- ¿Ha visto a Pablo últimamente?. Ya casi no sale de su apartamento. Hace un par de días lo vi saliendo con un aspecto demacrado, y por lo que me he podido dar cuenta, llega tarde en la noche o en las madrugadas... quien sabe en que debe estar ese hombre
- Usted es una chismosa doña Ofelia, y creo sinceramente que lo que suceda con ese señor no es asunto suyo ni mio. Sumercé no es la administradora del edificio para estar detrás de nadie. Mas bien, cada uno en su cuento y tema arreglado. Tengo que ir a ver que le pasó a mi hermano. De nuevo lo cogió la policía haciendo algo y está en la estación de acá cerquita.
- ¿Su hermano don Augusto? por ahí he sabido que....
- Lo que le hayan contado, vecina, son solo cuentos. Mi hermano es un buen tipo, con problemas como todos, pero bueno tipo. Mas bien nos vemos ahora que no demoran en llevárselo y necesito ver que le paso. Nos vemos
- Bueno mi don. Me mantiene informada.... por si se le ofrece algo a su hermano, claro.
- Mas bien póngase a hacer el almuerzo, doña. Don Patricio no debe demorar. Adiós
Augusto baja presuroso las escaleras y se dirige al encuentro de su hermano. Ofelia vuelve a su apartamento, pero antes decide subir al tercer piso e intentar hablar con su vecino Pablo y ver en que estado se encuentra. Sube las escaleras y detiene el impulso por tocar a su puerta y decide solo apoyar su cabeza contra ella para tratar de escuchar algo del interior. No oye ruido alguno por un momento hasta que suena una tasa caer y romperse contra el suelo. Se aleja por un instante de la puerta y vuelve a apoyarse en ella. Escucha luego como si se arrastrase algo hasta que el ruido se detiene. Trata de poner mas atención pero no hay mas sonidos. De repente la puerta se abre vertiginosamente, dejando escapar un sutil olor a incienso de jazmín y tras el, la figura de un hombre despeinado. Ofelia casi cae al suelo, pero se detiene apoyándose en la figura de su vecino.
- ¡Discúlpeme don Pablo! solo pasaba a.... a ver como estaba. Por lo que se hace poco perdió su empleo y se que no es fácil encontrar uno nuevo por estos días... a pesar, claro, que su empleo también era nuevo y entonces lo echaron... ¡perdóneme! yo no quería decir eso... en resumen vecino, quería saber si le puedo ayudar en algo
Pablo calla y la mira a los ojos. Ella aparta su mirada y con un ligero gruñido trata de alejar a la mujer. Ofelia pide permiso y con una ligera reverencia se despide, baja las escaleras presurosa, mirando ocasionalmente hacia la puerta. Pablo se queda de pie hasta que la figura de la mujer desaparece. Cierra la puerta. Decide recoger los pedazos rotos del pocillo y vuelve a los libros que había sacado. La gran mayoría de ellos hablaban de dioses diversos e ideas de corrientes espirituales nuevas.
- ¡Que mujer mas metida! y ¿como se habrá enterado de mi empleo?... bueno...exempleo... Apenas la identifico y parece saber mas de mi que mi propia madre. Pero bueno, volviendo a lo nuestro... ¿Que conexión debe haber entre estas cosas? Me estoy chamuscando mi cabeza y genialidad en estas ideas, pero siento que hay una respuesta... Cuando la encuentre todo se verá mas claro y volveré como el fénix de las cenizas... caminando las calles como sobrevolándolas...
La colección mística, como la llamaba, constaba de tres biblias, cinco libros budistas, dos versiones del corán, un libro sobre fenómenos paranormales, cuatro libros mas de crecimiento personal, un libro de magia y ocultismo, un libro sobre religiones del mundo, tres discos de Big Brother and the Holding Company y una película de Los Merry Pranksters, siendo este último uno de los artículos mas raros de su colección.
Pablo seguía su corazón De alguna forma había algo dentro suyo que desesperadamente anhelaba un encuentro o una conexión con algo mas grande. Sabía cuan insignificante era su persona, su ciudad, su país y su planeta con lo conocido, pero aspiraba a que por absurdo que pareciera El Místico se manifestara, revelando los secretos mágicos de la vida.
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