Julio se pasea por la pequeña sala de su apartamento. La burbuja que había asimilado como verdad se ha roto tras recibir esa nefasta carta, y tras solo dos meses en un nuevo empleo, esta de vuelta a su casa con el orgullo herido y las esperanzas rotas. Fatalista como el solo, mira con tristeza la gente que poco a poco vuelve a sus hogares segura de que mañana será un día laboral nuevo y segura también que recibirán su paga cada mes.
Por su parte, Julio solo sabe que mañana podrá dormir hasta tarde y hace un breve repaso emocional y no encuentra un solo día donde realmente se haya sentido competente en cualquiera de sus trabajos anteriores... o bueno, no mas de dos días seguidos, cuando las labores lo superan y se convierte en un oficinista mas de horario extendido no pago.
- Si... un perdedor, hay que aceptarlo... ¿de que me sirve la sensibilidad y mis habilidades diversas? son moderadas, si, pero diversas.... puedo hacer un trabajo medianamente bien hecho en muchas ocasiones e incluso puedo hacer algo bueno en otras... ¿seré un bueno para nada?
Se le cruza la idea, y piensa que así como se hace un estudio de los ganadores, el puede hacer un estudio de los perdedores mas patéticos, los buenos para nada, teniendo información de primera mano....
"Ser un bueno para nada, mas que un estilo de vida, es casi un arte. Los caminos para llegar a ello son en verdad muy simples. La mayoría de veces el bueno para nada se forma con tardíos despertares diarios, mucha televisión o videojuegos, una relación tormentosa con la ducha y un día a día con pocas emociones. Otros, alternamos lo anterior con lecturas de diversos temas pero sin jamás ser lo suficientemente buenos en algo como para marcar diferencia.
Los trabajos de horario de oficina tienden a ser complicados, y como bien dijese George Carlin, no nos damos cuenta de nuestra condición hasta que cumplimos veintitantos años y un jefe nos dice que tomemos nuestras cosas y nos larguémos.... somos unos perdedores.
En este deshonroso camino, donde de fracaso en fracaso nos dirigimos a la victoria final (o a un fracaso mas), las alegrías vienen de cosas tan poco trascendentes como la victoria de un equipo de fútbol (para los que son fanáticos), el siguiente capítulo de un programa, los insulsos programas mañaneros o las mas estúpidas conversaciones entre oficinistas tratando de ponerse de acuerdo sobre cual técnico es mejor, quien bebe mas cerveza o cuanto trabajo represado tienen gracias a su incompetencia."
Julio se bloquea, se siente triste... de niño no tenía consciencia de si mismo y era feliz. Ahora de grande, puede darse cuenta que el castillo de cristal está roto. Al reconocerse solo puede hallarse desdibujado. Se dio cuenta que se había perdido y estaba lejos de encontrar cualquier señal para volver a casa.
La tarde gris se aleja. Un par de jóvenes conversan en el primer piso. Hay silencio, tras su partida. Los edificios parecen rociados por una laca pálida y el cielo encapotado ayuda a crear el ambiente. Son las seis de la tarde, y en un edificio gris solo aparece el destello de una ventana iluminada por agradable luz dorada. Adentro Julio, un lápiz y un papel.
La lluvia sabe a soledad, cae a cántaros la tristeza sobre el alma de Julio, han pasado ya varias semanas después de recibir la carta que desencadenó una serie de episodios depresivos tras la información que ella contenía.
ResponderEliminarEl tiempo no le ha tratado tan mal como él cree, ha avanzado a pasos agigantados con su ya descubierto don, su proyecto oculto; su sentimentalismo donde su mejores amigos son el papel y lápiz. Sus días pasan, la tarde se mimetiza con la amargura y adopta el color de la nostalgia.
Luego de ingresar a su apartamento después de regresar de una de sus caminatas bajo la lluvia que tanto le agradaban, pero que curiosamente esa vez, desataron aún más la revolución que guardaba su mente; ese espacio tan íntimo de caminar escuchando solo las voces internas de su ser provocaron su llanto. Ingresa a su habitación, ve por la ventana y sólo encuentra recuerdos que van destrozándole el corazón. Logra ver embargado de tristeza -que ni él mismo entiende- a dos niños pequeños disfrutando con tal magna felicidad acaparar el aguacero que atropellaba la ciudad en esos instantes. Parece que todo se hubiese juntado con un solo fin: hacerle daño.
Su anterior trabajo en la oficina, su infortunio en relaciones sentimentales, el recuerdo de su feliz niñez que ahora era solo eso: un recuerdo.
Después de darse un baño, sin borrar sus recuerdos, escribió algunas palabras, que describía lo que sentía, guardó sus escritos para él llenos de tanto significado y se dispuso a dormir. Era absurdo, verdaderamente estúpido el pensar que lograría conciliar el sueño en aquel momento, su insomnio ya tan normal lo atacaba sin ningún tipo de piedad. Decidió contemplar un objeto de su habitación: una figura plana colgada la pared que quedaba justo al lado izquierdo de su cama, encerrada por cuatro rectas iguales que formaban cuatro ángulos rectos, al parecer hecho de lienzo; era el retrato gravado de un paisaje similar al de la casona en la zona rural donde había crecido su madre. Hermoso cuadro pensó Julio.
Es realmente profundo su solitario dolor, y a medida que avanzan los minutos, siente como la noche siembra dentro de él su malicioso resquemor. En esta hora de agonizantes tristezas y recuerdos de fúnebres despedidas, debe asimilar que se ha ido, debe asumir que le dejaron con el alma rota y malherida. Aunque en ese momento es más importante pensar en un empleo, en su crecimiento profesional e intelectual; es inevitable ver como recuerdos esporádicos llegan súbitamente hasta su mente. A pesar de que su llanto nunca encuentre paz ni consuelo, llega a la conclusión de que debe tratar de olvidarle por fuerza, aunque sólo quede morir en vida.
Johana Nieves